lunes, 10 de marzo de 2014

RELATOS POLICÍACOS Y DE CIENCIA FICCION

Cuento policíaco


El robo de diamante



La Mansión Barns se encuentra retirada de la ciudad, a la salida de la misma. 

Al señor  le gusta coleccionar joyas, y cuenta, entre su colección con el diamante más grande del mundo: el Diamante "Alquiles". 


En la mansión trabajan muchas personas, las que se siempre se quejan porque reciben malos tratos. 

Cierto día, cuando Barns se fue de viaje de negocios a Buenos Aires, alguien sustrajo el Diamante Alquiles
. 
Esa mañana, luego de que el  se había ido, la mucama se dirigió al escritorio a realizar la limpieza de todos los días y se encontró con la caja fuerte abierta. Enseguida llamó a la policía. 

Al cabo de un rato, se presentó el detective Hector Osvaldo Quiroga, con su ayudante Noelia López. 
Hector Quiroga es un hombre de unos 33 años, con mucha experiencia en casos de robo de joyas, es alto, delgado, desaliñado en su aspecto, también es desordenado en su trabajo. Usa cabello largo y tiene ojos pequeños y marrones
. 
Al ingresar al escritorio, el detective encontró la caja fuerte abierta, sin haber sido forzada. Noelia y el detective recorrieron el lugar y observaron restos de barro y pisadas de zapatos en la alfombra, por lo que sospecharon del mayordomo y del jardinero. 
Comenzaron a interrogar a los habitantes de la casa y la mucama comentó que había escuchado discutiendo a dos personas en el escritorio del patrón, eran voces de hombres, y que también había escuchado mencionar al Diamante Alquiles. La mucama también contó que el jardinero necesitaba dinero para pagar los gasto de un tratamiento muy caro por la enfermedad de su madre, y, el mayordomo se quería vengar por que lo trataban mal. 
El detective y su ayudante fueron rápidamente en busca del jardinero y del mayordomo, cuando llegaron al lugar, los encontraron preparándose para escapar. 
El detective los detuvo y recuperó el Diamante Alquiles.



Cuento de ciencia ficción

la nueva raza

El gran bloque marciano había aterrizado en la tierra. Todo era muy distinto a su planeta, enorme océanos de agua rodeaban el planeta, las grandes selvas húmedas albergaban millones de especies. 
Los marcianos eran muy curiosos, todo era muy extraño. Enormes cadáveres de dinosaurios hacían un laberinto sublime, y la vegetación parecía tener vida propia. 
Llegaron a una enorme laguna, los mamuts y los dientes de sable dominaban el agua. Había también un tercer grupo, numeroso, que se comportaban de manera extraña. Los marcianos se acercaron a ellos con mucha cautela. 
Observaban que ellos no bebían de la laguna si no que recolectaban el agua en gigantescas calabazas huecas. Les pareció un comportamiento curioso, inmediatamente lo anotaron y rodeador el lugar de cámaras. 
Descubrieron que esa especie, parecida a los simios pero con mucho menos pelos y que caminaban mas erguido, vivía en pequeñas chozas. Además dentro de la gran comuna habían formado grupos individuales. A los marcianos les pareció asombroso, y empezaron a estudiar la raza. Intentaron llevarlos a Marte, pero siempre morían en el camino. Así que decidieron instalarse en la tierra. 
Los marcianos habían observado un enorme lugar desértico, les hacia acordar a su planeta, solo que este tenia increíbles dunas de arenas, a los marcianos les gustaba mucho, decidieron establecerse ahí. La manada se encontraba a unos 11.000 kilómetros, era un viaje de 8 segundos. 
Trasportaron a algunos de esa especie terrícola hacia el desierto. Los empezaron a estudiar, descubrieron que eran muy curioso, reaccionaba automáticamente cuando veía fuego o a estímulos auditivos. Se alimentaban de todo. Pero no eran todos iguales. 
Había una parte de la comuna que era diferente. Las hembras. Eran más pequeñas y con mucho menos pelo, parecían ser las más evolucionadas. Además despertaban en los marcianos una sensación rara. Los marcianos se sentían atraídos por ellas, pero no podían acercarse, las pequeñas hembras huían. Hasta que un día mientras uno de los marcianos iba con una bandeja llena de frutas para las hembras, notaron que se acercaban automáticamente, y empezaron a aproximarse. Se sentían raros los marcianos frente a las hembras, tenían un olor que les despertaba una sensación muy rara, que jamás habían sentido. 
Empezaron a descubrirse entre ellos, hasta que sorpresivamente lograron reproducirse. 
Las crías eran diferentes. Sus cabezas eran muchos más chicas que la de los marcianos y no tenían pelos como las hembras. 
Los marcianos no querían irse, eso que hacían con las hembras era algo muy agradable, jamás lo habían experimentado. Pronto las crías empezaron a crecer, y notaron que eran sumamente inteligentes, fabricaban herramientas y parecían tener un dialogo entre ellos. La nave que estaba de visita en la tierra llamo a Marte y pidió permiso para quedarse unos equinoccios más. Desde Marte lo autorizaron. 
Al poco tiempo las crías entre los marcianos y las hembras se convirtieron en una pequeña civilización. Con su propio idioma y sistema de escritura. Vivian en el desierto. Los marcianos en una de las pruebas les pusieron determinados objetos al azar y la nueva raza había logrado construir unas improvisadas carpas. Luego se fueron adaptando en distintos lugares. 
Los marcianos no podían reproducirse con las nuevas crías, no por que se resistieran, era por que sentían un sentimiento diferente, algo desconocido para ellos. 
Marte se quedo en la tierra 300 años, luego se marcho para ampliarse en otro lado. 
Mientras la última nave se alejaba, los marcianos que la ocupaban miraban las enormes pirámides que habían hecho en el desierto y los retratos de los líderes marcianos en una solitaria isla donde descansan, hasta el día de hoy, enormes piedras con forma de cabeza marciana. 
Pero sobre todo miraban su verdadero legado: La Nueva Raza, una raza que sobreviviría siglos, creciendo y creciendo. El ADN de dos planetas distintos, fusionados, había creado la estirpe adecuada para el planeta tierra. Privilegiados con un octavo de la inteligencia marciana lograrían sobrevivir y construir grandes cosas, además tendrían para siempre la sombra atávica del pasado, esa que siempre los haría inferiores. Era una raza perfecta…para los marcianos. 






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